Estrés

Estres

¿Qué es el estrés?

El estrés es una sensación de tensión física o emocional. Puede provenir de cualquier situación o pensamiento que te haga sentir frustrado, enojado o nervioso. El estrés es la respuesta de su cuerpo a un desafío o necesidad.

El estrés se puede describir como una situación sobrecargada o estresante que afecta a una persona, dependiendo de las demandas de la situación y los recursos de la persona para afrontarla.

Como tal, es un sentimiento de tensión física o emocional que se produce de forma natural ante una situación o idea amenazante, frustrante o desafiante.

Los niveles moderados de estrés son normales porque los humanos deben poder adaptarse a una variedad de situaciones. Por ejemplo, ante una situación de peligro, una persona se pone alerta para responder adecuadamente, lo cual es positivo. Sin embargo, durante este proceso de adaptación, puede ocurrir que la persona no disponga de los recursos suficientes para afrontar los retos a los que se enfrenta, y la situación le agobie, generándole un estrés excesivo que puede derivar en diferentes síntomas o consecuencias nocivas.

 

¿Qué tipos de estrés existen?

Hay dos tipos diferentes de estrés:

Agudo: Se presenta en un período corto de tiempo y desaparece rápidamente. Por ejemplo, ocurre en situaciones de emergencia o peligro que requieren una reacción rápida, como frenar un automóvil cuando hay riesgo de accidente.

Crónico: Si el estrés agudo se prolonga en el tiempo, el estrés reduce su intensidad pero no desaparece. En este caso, cuando hablamos de estrés crónico, puede derivar en serios problemas de salud. Sin embargo, el estrés siempre debe ser negativo.

Se puede dividir en dos tipos según los sentimientos y emociones que evoca:

Angustia: una reacción negativa, generalmente cuando las personas explican que no podrán superar una amenaza, lo que conduce a un aumento de los niveles de irritabilidad y ansiedad.

Eustrés: Inspira respuestas positivas y sentimientos de alegría y bienestar. Esto sucede cuando la persona cree que la situación que enfrenta está a su favor o que ha logrado una meta.

 

¿Qué puede causar estrés?

Los estresores se definen como estímulos, condiciones o situaciones que producen estrés, y de acuerdo a su impacto en una persona, según SEAS y el Ministerio de Salud, se pueden clasificar en:

Estresores crónicos leves: por ejemplo, el ruido de las obras de construcción cerca de nuestra casa, los atascos de tráfico o las temperaturas extremas en el trabajo.

Pequeños eventos en la vida: estos son problemas cotidianos que interrumpen la vida diaria y crean emociones negativas. Por ejemplo, un accidente de coche o una gripe en los niños, que les obliga a buscar urgentemente cuidadores o faltar al trabajo.

Grandes eventos estresantes de la vida: estas situaciones pueden crear cambios importantes en nuestras vidas, como la pérdida de un ser querido, el divorcio o el desalojo. Estrés traumático: incluye situaciones donde la supervivencia del individuo o de quienes lo rodean está en riesgo. Por ejemplo, desastres naturales, guerras o epidemias.

 

¿Qué problemas de salud provoca?

Con el tiempo, el estrés constante puede acelerar la progresión de enfermedades crónicas y desencadenar muchos trastornos físicos y mentales:

1. Alteraciones y Patología Física:

Sistema inmunológico: La sobreactivación reduce la inmunidad del organismo, lo que aumenta el riesgo de infecciones (gripe, herpes...) o alergias. También puede conducir al empeoramiento de enfermedades inmunitarias como el cáncer.

Trastornos digestivos y gastrointestinales: El sistema digestivo deja de funcionar correctamente, por lo que muchas de las funciones que realiza se ralentizan o paralizan. Dolor de estómago, diarrea, distensión abdominal, estreñimiento, acidez estomacal, indigestión, vómitos... A la larga, es más probable que desarrolles afecciones como colitis ulcerosa, colon irritable o úlceras estomacales.

Sistema cardiovascular: El estrés es un factor de riesgo directo para la enfermedad coronaria porque aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y acelera el estrechamiento de las arterias debido a la acumulación de sustancias como el colesterol en la sangre. Además de una dieta poco saludable, fomenta hábitos nocivos como el aumento del alcohol o el tabaquismo y la disminución de la actividad física.

Sistema endocrino: El estrés eleva la concentración de azúcar en la sangre, lo que aumenta la probabilidad de tener sobrepeso y obesidad, que son factores de riesgo para la diabetes. Sistema respiratorio: Los aumentos a largo plazo en la frecuencia respiratoria pueden provocar una sensación de hiperventilación y/o dificultad para respirar.

Sistema reproductivo y libido: como menstruación irregular, mayor probabilidad de aborto espontáneo, disminución de la fertilidad, disminución o desaparición de la libido, disfunción eréctil, etc.

Problemas dermatológicos: El organismo no regula adecuadamente la hidratación de la epidermis, y la sequedad favorece la aparición de dermatitis o caída del cabello. Otros problemas comunes de la piel incluyen eccema o acné, y las personas con psoriasis tienen un mayor riesgo de desarrollar brotes de psoriasis.

 

2. Alteraciones psicológicas y mentales:

Ansiedad: Los términos ansiedad y estrés no son sinónimos, pero el estrés desencadena una respuesta de ansiedad, una emoción desagradable que surge ante una amenaza porque puede significar un resultado negativo. La ansiedad no es del todo negativa, también tiene una función, es una respuesta emocional que pone al cuerpo en estado de alerta y lo incita a activar sus mecanismos de defensa ante el conflicto. Si es excesivo o desproporcionado y comienza a alterar el estado psicofisiológico, el bienestar, el comportamiento y la vida diaria de una persona, se convierte en un problema de salud. En estos casos, puede desarrollar las siguientes enfermedades:

Ansiedad Generalizada: Síntomas de ansiedad muy intensos que se presentan sin una causa real para ellos y están fuera del control de la persona afectada.

Ataque de pánico: Miedo intenso repentino acompañado de una sensación de pérdida de control debido a un aumento repentino de los síntomas como dolor en el pecho, miedo a la muerte, mareos, temblores, dificultad para respirar, etc.

Fobias: Pánicos intensos y angustiosos que se sienten ante determinadas situaciones o estímulos.

TOC: Pensamientos intrusivos u obsesivos o pensamientos sobre los que una persona no tiene control. Provocan un dolor intenso, que intentan neutralizar con comportamientos repetitivos que se convierten en rituales.

Estrés postraumático: Se produce cuando una situación traumática en la que una persona ha sufrido o puede sufrir daños físicos o psíquicos extremos cambia su vida personal y laboral.

Trastornos del estado de ánimo: Los episodios de estrés crónico suelen desencadenar trastornos como la depresión, que se caracterizan por sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad, vacío, desesperanza, pesimismo, culpa, irritabilidad e inquietud. Además, la depresión reduce la resistencia al estrés, por lo que ambos se refuerzan mutuamente. Otros trastornos psiquiátricos asociados con altos niveles de ansiedad y estrés incluyen: trastornos alimentarios -anorexia, bulimia-, trastorno bipolar, hipocondría o conductas nocivas -alcohol, tabaquismo o ansiolíticos-.

Alteraciones psicofisiológicas: Se somatizan las emociones negativas, cambios físicos vistos anteriormente sin una causa clara o definida: problemas musculares, cansancio, dolores de cabeza, hipertensión arterial, eccemas…

 

¿Cómo se puede tratar el estrés?

El estrés se puede manejar adecuadamente para reducir y mitigar sus efectos sobre nuestra salud. ¿Cómo? por un lado, actuar contra sus causas y, por otro lado, aumentar nuestra resistencia a la misma a través de herramientas que nos ayuden a aceptar estas situaciones y mejorar nuestro comportamiento ante ellas, combinado con hábitos de vida saludables.

1. Psicoterapia, que puede abordarse desde una perspectiva física, cognitiva y conductual:

Técnicas Físicas para Reducir la Actividad Fisiológica: Puedes aprender a reducir la sobreactivación del cuerpo controlando sus propias respuestas. Para ello, utiliza técnicas como la relajación muscular progresiva, el control de la respiración, la relajación a través de sonidos o la imaginación.

Habilidades Cognitivas: Implican modificar pensamientos, reemplazando pensamientos negativos y exagerados por otros más positivos y realistas.

Habilidades conductuales: Su finalidad es cambiar el comportamiento de la persona afectada para que aprenda a comprender situaciones estresantes.

Medidas higiénico dietéticas: como llevar una alimentación variada y equilibrada, dedicar tiempo a socializar y descansar, y hacer ejercicio.

Medicamentos: Incluye recetas de medicamentos como ansiolíticos (para eliminar la ansiedad), antidepresivos (para tratar de suprimir los síntomas físicos y mentales causados ​​por el estrés) o somníferos (para favorecer el sueño y el descanso).

2. Habilidades de autocontrol del estrés:

Relajación: Permite la inactivación biológica del organismo al mismo tiempo que activa áreas del cerebro asociadas con la atención y la resistencia al estrés.

Meditación y atención plena: se ha demostrado que la meditación regular reduce el cortisol y la actividad del sistema nervioso simpático.

Yoga, Tai Chi y Pilates: Ayuda a restaurar y mantener el equilibrio.

Musicoterapia: La música también puede ser una herramienta para afrontar situaciones estresantes. Lo mejor es utilizar un ritmo lento y pausado sin notas altas ni recuerdos negativos.

 

10 consejos para mantener el estrés bajo control

1. Hacer frente a situaciones difíciles. En lugar de postergarlos o evitarlos, enfréntalos porque una vez que los encuentres y los soluciones, dejarán de preocuparte.

2. Entrénate para resolver problemas. Aprenda a analizarlos de forma lógica: defina el problema, enumere las posibles soluciones y los pros y los contras de cada una. Evalúe estas ventajas y desventajas y elija la alternativa más beneficiosa o menos dañina.

3. Programe su tiempo. Planifica tu día, no te sobrecargues de actividades y gestiona los imprevistos con flexibilidad. Si el tiempo es corto, elija las tareas más importantes en función de la prioridad y deléguelas cuando sea necesario. Y, aun así, aprenda a decir "no" cuando la presión sea demasiado alta.

4. Deberías tomarte un descanso. Destina un espacio diario para el ocio y las relaciones que te permita descansar y pasar tiempo con tu familia, así como ejercitar tus aficiones o salir con amigos. Cerrado los fines de semana y festivos de vez en cuando.

5. Aprenda habilidades de autocontrol. Practicar regularmente actividades como la relajación, la meditación, el mindfulness o el yoga te ayudará a neutralizar las actividades físicas que te producen estrés y te dará un mayor control sobre tus emociones.

6. Desarrollar y apoyarse en las relaciones personales y sociales. Cuando sienta que no sabe cómo solucionar un problema, pida ayuda o consejo a las personas en las que más confía. Y brinda apoyo: ayuda a otros a mejorar su propio estado de ánimo y reduce los efectos del estrés.

7. Cuida tu dieta. Seguir una dieta sana, variada y equilibrada que incluya abundantes frutas y verduras. Mantenga un horario regular de trabajo y coma despacio. Evite las bebidas con cafeína o alcohólicas, o si las bebe, tómelas con moderación.

8. Haga ejercicio con regularidad. La actividad física puede reducir la intensidad del estrés, reducir la duración de los episodios y además promover el bienestar, siempre que no sea por obligación. Se recomiendan dos horas y media de actividad aeróbica a la semana, como correr, andar en bicicleta o nadar, siempre en función de tu capacidad.

9. No reste el tiempo de sueño. Descansa bien y estarás mejor preparado para enfrentar cualquier conflicto o situación amenazante. Por lo tanto, trata de conciliar el sueño a la misma hora y descansar siete u ocho horas cada noche.

10. Busque ayuda profesional si es necesario. Si todavía no puede manejar el estrés, busque ayuda profesional. Su médico de cabecera podrá ayudarlo a identificar el problema y derivarlo a un especialista o terapeuta. Esto te enseñará a cambiar tus pensamientos y emociones y a desarrollar comportamientos que te ayuden a enfrentar los problemas con una actitud más positiva.

 

 

 

 

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